Las Vegas se podría resumir en esas tres cosas, además de gente, mucha gente caminando hacia todas direcciones, con unos tubos gigantes llenos de cócteles.
A las 6 de la mañana el sol está tan alto que cualquiera diría que es temprano. Si miras a la calle ya hay gente trabajando, pero no son horas para los congresistas y los turistas que duermen o están metidos en los casinos. Aunque unas nubes lejanas amenazaban lluvia durante el día, eso aquí no importa, los hoteles son tan grandes que puedes pasar horas visitando todos sus rincones, sus tiendas y sus restaurantes, además de que cada uno tiene un casino propio gigante. Incluso muchos de ellos están conectados entre si, por lo que no hace falta salir a la calle.
Empezamos visitando el Caesar's Palace, todo muy Roma, muchas fuentes, muchas esculturas, y muchas plazas. Cruzando el Strip (la calle principal donde está toda la movida) hemos ido a parar al Venetian, todo muy Venecia, así que imaginaros un Caesar's pero sumarle los canales con góndolas y el puente Rialto. Hemos aprovechado para desayunar algo, aunque lo más italiano del desayuno era un Capuccino con sabor a café americano. También hemos aprovechado para comprar las entradas para El fantasma de la ópera para esta noche, aquí los espectáculos son caros, pero en diferentes puntos del Strip se pueden conseguir entradas algo más baratas, en lo que llaman Half price show tickets.
Después decidimos visitar Fremont Street, el famoso espectáculo de luces y música (aunque dicho así es como hablar de la ciudad entera). Empezamos a caminar por el Strip con la intención de llegar a pie, en el mapa parecía estar cerca, pero suerte que empezaron a caer 4 gotas que nos hicieron coger el autobús (5$ el billete que dura 2 horas), si hubiéramos ido caminando aún estaríamos andando. Está lejísimos y la zona hasta llegar son como descampados y polígonos. Aunque el espectáculo es de noche, hemos tenido que hacer una visita rápida sin luces por la mañana porque con el musical no podemos acercarnos hasta tarde y nos recomendaron no hacerlo.
Con el desayuno que nos hemos metido ente pecho y espalda y el cambio horario no hemos parado a comer y hemos cogido un bus de vuelta con el que hemos pasado al lado del Stratosphere, que tiene un mini parque de atracciones en lo alto de una torre. Pero no seré yo la que se monte en una atracción que te deja colgando a casi 300 metros de altura. Nos hemos bajado en la última parada para ver el Hotel Luxor, con obelisco, esfinge y pirámide incluida. Después hemos visitado el hotel Excalibur, el hotel va de castillos y de caballeros, aunque la decoración es más bien escasa, tiene mejor pinta por fuera. Los exteriores del hotel New York son geniales con réplicas de la estatua de la libertad y hasta un mini puente de Brooklyn. También hemos entrado en el MGM y hemos paseado por las tiendas del Planet Hollywood.
Ahora nos estamos preparando para ir al musical, ya que tenemos que llegar media hora antes, y después si para de llover aprovecharemos para ir a ver el espectáculo al aire libre de la Isla del Tesoro, que pertenece al hotel del mismo nombre, y como no, a despedirnos de las máquinas de algún casino, que mañana ya nos toca emprender viaje hacia el Gran Cañón.
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