miércoles, 18 de mayo de 2011

De Barcelona a Las Vegas en menos de un día

Llegamos al Aeropuerto de Atlanta después de 10 horas de vuelo desde que salimos del Aeropuerto de Barcelona a las 10 de la mañana, aquí aún son las 4 de la tarde. El vuelo ha pasado deprisa, la compañía Delta tiene una buena selección de películas y juegos para pasar el rato, así que no hizo falta sacar el libro ni la Nintendo DS. El único problema es que las películas no están subtituladas y a veces no te enteras de nada, pero ayuda a dar cabezaditas.

No nos han registrado las maletas ni hemos tenido ningún problema, eso sí, nos hemos tenido que sacar los zapatos y hasta el pañuelo que llevaba en el cuello. El aeropuerto es gigante, pero hay mucho personal dando instrucciones, por lo que no te pierdes en ningún momento y tienen lanzaderas para llegar a las diferentes zonas de embarque. No hay demasiadas tiendas, pero los amantes de Starbucks están de enhorabuena, en apenas 200 metros hay un par. En el aeropuerto anuncian wifi pero resulta que solo es gratis para una selección de páginas internas, para el resto hay que pagar. Pero si que tienen torres en las zonas de espera para cargar los aparatos electrónicos.

Por fin cogemos el segundo avión que nos llevará a Las Vegas, durante el vuelo nos acercamos a la ventanilla y pudimos ver el Gran Cañón. Hacia las 7 de la tarde por fin llegamos. Y cómo sabes que estás en Las Vegas, pues porqué nada más salir por la puerta de embarque te encuentras una sala llena de máquinas recreativas, y un Starbucks claro.

Pillamos un taxi para llegar al hotel, el aeropuerto está muy cerca y la carrera nos cuesta 23 dólares. Por el camino empezamos a ver algunos de los hoteles más emblemáticos de la ciudad. Nada más llegar al Cosmopolitan nos damos cuenta de que Christian (de Xavi Fernandez Viatges) ha acertado de lleno, además de por el comentario del taxista, el hotel por fuera es impresionante. La cosa mejora cuando abrimos la puerta de la habitación, un pisazo con recibidor, cocina completa, salón, dormitorio separado, dos cuartos de baño, cada uno con su ducha gigante y una bañera en la que podría ahogarme. Y para rematar la terraza con unas vistas impresionantes de la réplica de la Torre Eiffel y de las fuentes del Bellagio (nada más entrar en la habitación hemos podido ver el espectáculo. Bajamos a cenar al restaurante Jaleo, del cocinero José Andrés (ubicado en el mismo hotel) y tras la decepción de las bravas que eran patatas chip, nos llevamos una alegría con el rossejat (fideua) y con el flan que están buenísimos.

Esta noche decidimos acercarnos al Bellagio que nos queda al lado para cotillear por dentro y jugarnos algunos dólares en el casino. Mañana toca aventurarse un poco más.

No hay comentarios:

Publicar un comentario